Ciberseguridad en tiempos de IA: a las ONG ya no les basta con protegerse, tienen que poder demostrarlo

Esta madrugada, decenas de supermercados de Bélgica, Luxemburgo, Suecia, Irlanda y Países Bajos se han encontrado los frigoríficos calentando. Alguien había entrado a distancia en los equipos de refrigeración, conectados a internet, y había subido la temperatura o activado la descongelación. Ha habido que retirar productos y traer camiones frigoríficos. Hace tres semanas pasó algo parecido en cientos de supermercados de Francia.
¿Cómo entraron? Según uno de los fabricantes, los equipos tenían las contraseñas que traían de fábrica y estaban en redes sin la protección adecuada. El propio fabricante había recomendado en octubre desconectarlos de internet o restringir el acceso.
No hizo falta inteligencia artificial. Bastó con que nadie cambiara una contraseña. Y esa es la primera lección para cualquier ONG: la mayoría de los riesgos no son de película, son de este tipo. El router con la contraseña de fábrica, la cámara de la sede, el WordPress que nadie actualiza, el correo sin verificación en dos pasos.
Pero la IA sí está cambiando dos cosas: la velocidad a la que pasa todo y lo que os van a pedir que demostréis.
Lo que cambia con la IA: todo va más rápido
Los fallos se descubren antes. Las herramientas de IA que revisan código están destapando vulnerabilidades a un ritmo nunca visto. En julio, el núcleo de Linux, el corazón de la mayoría de los servidores de internet, publicó 442 vulnerabilidades en solo tres días, muchas probablemente halladas con ayuda de IA. Y el 21 de octubre, PHP lanzó una actualización de urgencia por dos fallos críticos, bautizados como PHP2Shell, que permitían tomar el control de servidores y que se encontraron con IA.
¿Por qué os importa? Porque PHP es el lenguaje sobre el que funciona WordPress, y WordPress es la web de buena parte de las ONG. Cuando los fallos se descubren más rápido, también se aprovechan más rápido: el margen para actualizar ya no es de meses, sino de días. Si vuestra web la mantiene un proveedor o una persona voluntaria, preguntadle esta semana si el servidor está al día. (Este blog dejó WordPress precisamente por esto: os lo contamos aquí.)
Los atacantes también usan IA. En julio, Hugging Face, la gran plataforma donde se comparten modelos de IA, contó que había sufrido una intrusión ejecutada por agentes de IA autónomos: miles de acciones automáticas que entraron a través de un conjunto de datos manipulado y fueron saltando de un sistema a otro. La empresa asegura que no se modificaron los modelos públicos. Lo que importa para vosotros es otra cosa: un ataque que antes necesitaba un equipo de personas expertas ahora lo puede lanzar una sola, contra muchas víctimas a la vez. Las ONG pequeñas ya no pasan desapercibidas por «no ser interesantes»: a una máquina le da igual.
Los agentes que conectáis a vuestros archivos abren puertas nuevas. Cada vez más entidades conectan la IA a su Drive, su correo o su calendario para que haga tareas por ellas. Es muy útil, pero un agente con acceso a vuestros documentos también puede obedecer instrucciones escondidas en un correo o en una web (lo que se llama inyección de instrucciones), o venir de una extensión maliciosa: este año se han encontrado cientos de modelos y extensiones de IA con código malicioso en plataformas públicas. La regla práctica: dad a cada agente solo los permisos que necesita, y nunca acceso a datos de las personas que atendéis sin haberlo decidido antes.
Lo que nos ha pasado a nosotros
En la Fundación Hazloposible gestionamos, entre otros proyectos, una plataforma de voluntariado corporativo: la usan empresas para que su plantilla haga voluntariado. Una de ellas es una entidad del sector financiero que siempre nos ha hecho auditorías de ciberseguridad, y siempre las hemos superado.
Este año ha cambiado el tono. Las nuevas normas europeas de resiliencia digital obligan a los bancos a controlar mucho más a sus proveedores tecnológicos, y eso nos ha llegado en forma de una lista muy larga de peticiones: una política de seguridad específica, un comité que la apruebe y medidas de seguridad de todo tipo. La mayoría ya las teníamos. Lo nuevo es que ahora hay que demostrar cada una con una evidencia. Y la exigencia no se queda en nosotros: tenemos que pedir lo mismo a todos nuestros proveedores. Se ha convertido en un proyecto grande.
La lección sirve para cualquier ONG, venda o no servicios digitales: tener las cosas hechas ya no basta; hay que poder demostrarlo. Y esa exigencia os llegará por la cadena: una empresa con la que colaboráis, un gran financiador, la aseguradora. Pasa lo mismo con la ley europea de IA: para la formación del equipo no exige un nivel concreto, pero sí poder demostrar que habéis tomado medidas (lo explicamos aquí).
Reunir las evidencias deprisa, cuando os las piden, cuesta muchísimo más que irlas guardando desde ahora.
Diez medidas, y cómo demostrar cada una
No hace falta un sistema caro. Basta con una carpeta compartida, «Evidencias de seguridad», con un documento fechado por cada medida.
| Medida | Qué guardar como evidencia |
|---|---|
| 1. Verificación en dos pasos en el correo y en todas las herramientas importantes. | Una captura de la consola de administración donde se vea activada para todas las cuentas. |
| 2. Fuera las contraseñas de fábrica y las compartidas, con un gestor de contraseñas. | Un inventario de los equipos conectados (router, cámaras, impresoras) con la fecha en que se cambió cada contraseña. |
| 3. Actualizar en días, no en meses: ordenadores, móviles y web. | La configuración de actualizaciones automáticas y, para la web, la confirmación del proveedor con la versión y la fecha. |
| 4. Copias de seguridad, al menos una fuera de vuestra red, y probar que se pueden recuperar. | El registro de la última prueba: fecha, qué se recuperó y quién lo hizo. |
| 5. Inventario de proveedores y de qué datos tocan. | Una hoja de cálculo con proveedor, servicio, datos, contrato y fecha de la última revisión. |
| 6. Una cuenta por persona, y quien se va pierde el acceso el mismo día. | La lista de altas y bajas de cuentas, con fechas. |
| 7. Un plan de incidentes de una página: a quién llamar, qué desconectar y cuándo avisar. Si hay datos personales afectados, la Agencia Española de Protección de Datos debe saberlo en 72 horas. | El propio plan, fechado y aprobado. |
| 8. Pautas de uso de la IA: qué datos pueden entrar en cada herramienta y qué permisos tiene cada agente. | La política de uso, aprobada. |
| 9. Formación contra el phishing: ahora los correos falsos los escribe una IA y ya no tienen faltas de ortografía. | El registro de asistencia a las formaciones. |
| 10. Una política de seguridad breve, aprobada por la dirección o la junta. | El acta o el documento de aprobación. |
Y si os pasa algo, no estáis solos: el 017, la línea gratuita de ayuda en ciberseguridad del INCIBE, atiende gratis a la ciudadanía y a empresas y profesionales, y es un buen primer teléfono también para una entidad social.
Esto es una guía práctica, no asesoramiento técnico ni jurídico: si manejáis datos especialmente delicados, contad con una persona especialista.
Por dónde empezar
En nuestro Diagnóstico IA, la dimensión más floja de casi todas las entidades es la misma: datos y cumplimiento. Si aún no lo habéis hecho, son diez preguntas y tres minutos, y os ayudará a ver dónde estáis. Y si queréis que os ayudemos a poner orden, con unas pautas de uso de la IA y un plan a vuestra medida, os acompañamos.
Este artículo ha sido generado con inteligencia artificial y supervisado por el equipo de Hazloposible.
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